sábado, 31 de mayo de 2014

“Estoy harta del envoltorio económico que rodea el arte”



Mujer sin tierra, pero apegada a la energía de los volcanes; artista adelantada, consolidadora de la ‘performance’ como una disciplina fundamental de nuestro tiempo; niña acomplejada por su físico, adolescente vapuleada, rabiosa rupturista, camino de revelación e iniciación para iconos de la cultura popular como Lady Gaga, Marina Abramovic es una mujer excepcional. Valiente, abierta, sincera, amable y sabia, la artista conectada con el ‘underground’ global, nacida en Belgrado en 1946, vecina de Nueva York, presenta este mes en Málaga una de sus acciones, ‘Holding emptiness’, al tiempo que va construyendo su fundación de arte interdisciplinar mientras se prepara para permanecer en la mítica Serpentine de Londres en un encuentro con el público donde ella abrirá por la mañana la galería y la cerrará de noche.
Huyó de la Yugoslavia de Tito y de sus padres, héroes nacionales del régimen. Hoy es, según la lista que elabora la revista Time, una de las cien personas más influyentes del mundo. Marina Abramovic sigue en la brecha de sus provocaciones austeras, de su reto al artificio, y confiesa su deseo de que Antony Hegarty, la voz quebrada y laberíntica de Antony and the Johnsons, cante en su funeral. Un acto que tiene ya preparado con esmero como su última acción cuando quiera que sea.
De la quietud y el silencio que ejercía en The artist is present,su famosa performance en el MOMA, a esta mecánica meditación de Counting the rice en Ginebra, existe una reivindicación consciente de la lentitud, de la parada incluso. ¿Por qué? Emprendo estos ejercicios desde hace tiempo. Los ponía en marcha para crecer como artista, pero ahora creo que es mejor para el público. Seas un banquero o un granjero, concentrarte en lo que haces viene bien. Con mis alumnos propongo a veces abrir una puerta, sin entrar ni salir, tres horas, lentamente. La puerta se convierte en algo que transmuta. La repetición, en todos los rituales, desempeña su papel, transmite una energía concreta y abre la conciencia. La salvación está en la sencillez.
Pero es que la vida también es complicada. Ya… Pero a este ritmo actual ni siquiera estamos preparados para la complejidad.

Siempre parte de una experiencia personal. ¿No muestra demasiado de sí misma?
 Sí. Pero siempre intento hallar una llave que lo convierta en universal. Exponerme por exponerme, si no afecta a nadie, a quién le importa, sería una mierda.Recientemente, en la época de carnaval, una abuela comentó por la radio que su nieta de ocho años quería ir al colegio disfrazada del cuadro El grito, de Munch. Pensé: “Mira, una Marina Abramovic en potencia”. ¿Me equivoco? Bueno, podía haber participado en eso que montamos en Oslo, en el parque donde se supone que él se inspiró. Ahí se me ocurrió, paseando, que dejáramos un marco vacío de la misma medida que el cuadro y la gente se asomara a gritar durante dos segundos. Para mí era un reto revitalizar una acción sobre un marco para redefinirlo en el siglo XXI. Se acercaron miles de personas. No podían creer lo que les salía del cuerpo. Era mejor eso que una escultura en mitad de la naturaleza. Estorban porque, para mí, en sí, la naturaleza misma forma sus propias figuras y son siempre mejores. Mi trabajo sale siempre de la experiencia personal e invito a la gente a que lo comparta.
Repasemos su vida. Esas tres Marinas que dice usted que la habitan. ¿Qué recuerda de la Marina niña? Yo era muy tímida, retraída, llena de complejos.
¿De qué tipo? Con mi aspecto: muy alta, tenía granos por todas partes y la nariz enorme.
A mí me gusta su nariz. Ahora cuadra perfectamente, pero entonces sobraba. Hoy no la cambiaría por nada. Tenía los pies planos. Mi madre me vestía con prendas horribles, falditas de princesa, blusas muy cursis; cuando me dejaban a mí, usaba cosas distintas, y eso me convertía en la oveja negra. No podía ni caminar por la calle porque iba tan desgarbada que la gente pensaba que me caería en cualquier momento. Me sentía muy cerrada e insegura, no encajaba en el colegio, resultaba una extraña, no me dejaban invitar a nadie a casa ni ir invitada a otras. Me llamaban jirafa, sacaba unas notas espantosas… No era feliz en mitad de aquello, ni con el ambiente de mi casa, con las constantes peleas de mis padres. Era muy introvertida, así que leía mucho. Con 14 años empecé con el budismo y seguí con Proust, Kafka, los rusos, los franceses. Estudiaba idiomas, piano, escribía poesía, pintaba.
¿A qué se dedicaban sus padres? Eran héroes nacionales en la época de Tito.

¿Qué suponía aquello? Habían sido partisanos. Mi padre había estado encarcelado en los años treinta por sus ideas comunistas, después fue general laureado por sus acciones de guerra, muy cercano a Tito, así que éramos unos privilegiados. Mi madre, igual. Le hicieron directora del museo de arte de la revolución, un cargo muy político. Cualquier líder extranjero del entorno, lo primero que hacía al llegar era visitarlo: exponían realismo socialista acompañado de fusiles ­Kaláshnikov, algo realmente odioso. Mi padre se fue de casa cuando yo tenía 17 años y aquello fue muy dramático.
Leí que usted sufrió violencia, abusos… ¿De qué forma? Por parte de mi madre, sobre todo. Un ejemplo: cuando ya había empezado mi carrera y había sido muy criticada por el sistema, aun así, un día, después de una presentación, al llegar a casa a las diez de la noche, todo estaba oscuro. Mi madre me esperaba en el salón, con la luz apagada y un vestido muy sobrio. Me estaba esperando. Alguien le había dicho que su hija estaba en una galería, desnuda, colgada a la pared. Me miró y con un cenicero muy pesado de cristal en la mano, regalo de boda, me soltó una frase de Taras Bulba: “Te di la vida y ahora te la quito”. Me tiró el cenicero a la cabeza y yo tuve tiempo para pensar: “De acuerdo. No me muevo y cuando me haya reventado los sesos por esto pagará el resto de su vida con la cárcel”. Pero al final, me aparté. Y me marché de casa.
Así que la salvó usted de la prisión retirando su cabeza. ¿No volvió a verla más? Sí, regresé 10 años después, cuando cayó el Muro. Di una charla y ella estuvo allí. Un periodista le preguntó en mitad del acto y respondió que ella no me había comprendido entonces, pero trataba de hacerlo ahora.
¿Y lo logró? Nunca. Cuando murió y yo organicé sus cosas en la casa, tenía todos mis catálogos con páginas arrancadas. ¿Sabes cuáles? En las que aparecía yo desnuda. No podía admitir entre los suyos lo que yo hacía, era duro para ella.
Y de su amor y compañero durante 11 años, Ulay, ¿qué me cuenta? ¿Cómo le conoció? En mi cumpleaños, en Holanda. Cuando las performances empezaban. Yo estaba en Serbia aquellas fechas y vivía en Ámsterdam. Mi abuela me dijo que debía irme allí a celebrarlo porque las cosas que nos ocurren en los cumpleaños tienen que ver con el destino. Así fue. Cuando le vi, tenía la mitad de su cabeza y rostro afeitados y la otra mitad con el pelo y la barba largos. Me atrajo desde el principio. Lo que yo hacía hasta entonces era arrancar la hoja de mi cumpleaños de las agendas porque siempre habían sido infelices. Él, lo mismo.

Su historia de amor en común se ha convertido en un icono en el arte de nuestros días.
 Bueno, sí. Un amigo me dijo: “Cuando las parejas rompen, muchas lo hacen por teléfono, pero vosotros… ¿teníais que atravesar la muralla China, cada uno por vuestro lado, para separaros?”.Trabajaron durante años. Pero cuando he visto por YouTube el día en que en mitad de superformance del MOMA, donde usted debía estar callada frente a quien se sentara en una silla delante de usted, él ocupó esa silla, pensé que una de dos: está preparado o a Marina se le ha ocurrido esto sencillamente para ver si se presenta. ¿Cuál de las dos opciones es verdad? Yo le había invitado y vino con su novia, pero no esperaba que se fuera a sentar. Cuando lo hizo, de verdad, nada estaba pensado. Fue muy fuerte para mí, emocionalmente. Rompí la regla y le cogí las manos. No era un extraño. Había sido crucial en mi vida.
Sí, en fin. Una locura.
¿Cuántas veces, mientras hicieron esa performance de su separación en la que quedaron cada uno en recorrer partes opuestas de la muralla, encontrarse y decirse adiós, cuántas veces en el recorrido pensaron que no llegarían a separarse? Era imposible. Yo no sabía qué iba a pasar, pero lo cierto es que, cuando llegamos al punto acordado, él ya había dejado embarazada a su traductora. Era el fin.
Después de aquella relación, ¿ha vuelto a experimentar un amor igual de profundo con alguien? Sí. No inmediatamente, pero conocí a mi marido, con quien viví 10 años –dos de ellos casados– y nos separamos. Fue igual de doloroso. Muy complicado. Han sido las relaciones más largas y ambas me destrozaron el corazón. ¿Sabe aquello de que cuanto mayor te haces, más te refuerzas? Pues no. Ahora sí que estoy pasando por una etapa maravillosa en mi vida. Hay algo con la edad también que te advierte de los peligros, así que no me meto en muchos líos y me lo paso bien, disfruto. Trabajo duro, verdaderamente, y mucha gente me dice que debo disfrutarlo, que si me he convertido en un icono y todo eso. Pero ha ido tan lento que no me ha cambiado. No es una cuestión de ego, puedo hacer lo que me apetece. El éxito es una herramienta. Si me muero ahora, de lo que me siento satisfecha es de haber colocado el arte de la performance en un lugar respetado y seguido. Era un territorio de nadie, me costó 40 años construirlo.
¿Cree que son demasiados? Otras disciplinas quizá han necesitado más. Ahora trato de demostrar que la performance de largo aliento es la disciplina que más nos construye por dentro a nosotros y al público. Pero antes de morir me gustaría dar forma a mi instituto como una plataforma interdisciplinar para grandes creadores artísticos, científicos, algo como la Bauhaus. Poder juntar arquitectos, neurocientíficos, tecnología… no hay mucho que hacer, brota, sale solo. Estoy harta de ese envoltorio económico que rodea el arte. Como esa cabeza de diamantes de Damien Hirst. El arte no cuesta. Con granos de arroz consigues cosas más grandes.

Dice usted que no le afecta ser un icono y tendrá razón. ¿Será que eso es más importante o supone más para sus admiradores que para usted misma? En ese aspecto hay algo que me inquieta desde siempre y es acercarme a los públicos más jóvenes, son los que te aseguran pervivir.
Es algo que ha logrado. De la mano también de figuras comoLady Gaga, que la idolatra. ¿Me cuenta su idilio? Bueno, es que un vídeo suyo supera los 40 millones de visitas en Internet. Los artistas no llegan a tanto. Los deportistas, quizá. Para mí no existen barreras, milito por la libertad. No acepto las restricciones. Si hubiera seguido a quienes querían internarme en un manicomio en los setenta, ¿qué habría sido de mí? Esa resistencia debe venirme de unos padres heroicos. Cuando me dices no, es solo el principio.
Lady Gaga ha sido muy generosa con usted reconociéndole sus influencias; no así Madonna, a la que le reprocha un cierto ninguneo. ¿Me equivoco? Son muy distintas. Quizá Madonna haya tenido una vida muy dura y experiencias terribles. Es muy importante ser generoso. Cuando llegas a un punto en la vida en que acumulas poder, deberías mostrarte grande y saber compartir. No sé, yo así lo siento.
¿En qué aspectos del trabajo de Madonna reconoce usted aportaciones suyas? No, no voy a entrar en eso. Ella sabrá. No me importa que usen mi trabajo, ocurre mucho y me estoy metiendo en pleitos con varios. Pero cuando me lo cuentan o lo comparten no me importa, es inevitable por otra parte. Hay un punto en que tu trabajo, si es bueno, pertenece a todo el mundo y se convierte en algo incontrolable.
En cuanto a sus propias influencias, ¿cuánto debe usted, por ejemplo, a un pionero de las performances como Dalí? Ja, ja. Poco. Hay alguna parte del surrealismo que impulsó, no sé si queriéndolo o no, directamente lo kitsch. Es muy extraño. En ciertos aspectos, el surrealismo ha sido traducido en esa línea. No le pasa a Picasso ni a Miró, pero sí a Dalí. Eso, realmente, no va nada conmigo. Si ahora debo citar una influencia directa en lo que hago, sería Yves Klein y su percepción de lo inmaterial dentro del nuevo surrealismo. Eso sí. Aunque no me fijo tanto en los artistas. Ellos en sí ya han sido inspirados o influidos por algo. ¿Por qué no ir directamente a las fuentes más puras? La propia naturaleza, culturas indígenas, el chamanismo, sobre el que acabo de terminar una película en Brasil… Lugares donde entiendo esa ley básica de la que proviene el poder de los volcanes o los terremotos. Pero en cuanto a españoles, una de mis grandes inspiraciones es Santa Teresa. Y de Dalí y Buñuel me fascina Un perro andaluz…
Y de su funeral, ¿qué me dice? Además tenemos un día nublado. Cariño, ¿qué quieres saber de mi funeral?
Pues la influencia que va a tener sobre él su abuela, quien, según usted, preparó delicadamente sus vestidos para la ocasión durante 40 años. Pues sí. Esa preparación de la muerte es algo muy balcánico. Tenemos plañideras, esas mujeres profesionales que van a tu entierro y al velatorio a llorar…

¿Y si muere ahora, morirá de esa manera, sin esas tres cargas?
 No lo sé. Estoy mucho mejor preparada para ello que hace 10 o 20 años. Pienso en cómo pasará cada día. Incluso lo teatralicé en Vida y muerte de Marina Abramovic en Madrid. No sé lo que duraré. Pero no te dejaré de confesar que no tengo miedo. Cada vez que monto en un avión con turbulencias necesito escribir testamento.¿También se les da de comer, como en España? Les das de comer, les pagas; cuanto más lloran, mejor cobran. Recuerdo que de niña solía ir al cementerio porque me resultaba un lugar muy tranquilo, podías leer y si te topabas con un funeral, te tomabas algo. La idea de la muerte la teníamos incorporada a la vida diaria, y esto ha desaparecido en las culturas occidentales. Lo que me fascina de Estados Unidos es que creen que son inmortales, no como nosotros, que sabemos que la muerte nos puede sorprender en cualquier momento. Ellos viven de una manera en la que no conciben que vayan a morir, y cuandoocurre alrededor se encuentran perdidos. Yo quiero morir sin miedo, consciente y sin rabia, porque veo que la gente se va con estas sensaciones dentro.
¿Y la ira? La ira no, no me siento rabiosa. Creo que todo lo que quise hacer lo estoy haciendo, no me arrepiento ni lamento nada.
¿Ni siquiera en la relación con su madre? No, pasé su último año de vida con ella. Tenía ­alzhéimer. No me recordaba, eso fue la pena. Pero perdonarla, la he perdonado. Estoy en paz con ella y con mi padre. Aunque no lo llegamos a hablar, no me siento en deuda.
Habrá tres funerales como han existido tres Marinas. En Belgrado, en Ámsterdam y en Nueva York. Sobre dónde estará el cuerpo no ha entrado en detalles. ¿Hay días en los que cambia de opinión? Lo he decidido, pero no se lo contaré. Lo más radical sería que me cortasen en tres piezas, pero eso no lo van a hacer.
Tranquiliza bastante. Lo que he dicho es que me vistan con ropa alegre, nada negro. Tienen que contar chistes verdes.
¿Cantará Antony Hegarty, tal y como usted desea? Claro. Aunque estará tan triste que no sé si podrá. Tiene que cantar My way. Él dice que la mejor versión es la de Nina Simone y que no está seguro de poder superarla, esperemos que sí. Yo le he comentado que me da igual, pero que lo haga. Ahora me viene con la excusa de que va a morirse antes que yo. No me fío, es más joven.
Quien murió fue un gran amigo suyo, Gerard Mortier, último director del Teatro Real en Madrid. Oh, Dios, qué tristeza. Era irrepetible, con esa imagen de burgués belga hacia fuera y esa mente completamente vanguardista. Impresionante verle como un caballero y luego hablar con él y darte cuenta de la cabeza tan joven e iconoclasta que tenía. Aquella pieza nuestra sin él no hubiera llegado a nada. Lo pusimos en funcionamiento cuando estaba en la Ópera de París, pero en fin… Qué pena me ha dado.

viernes, 30 de mayo de 2014

Sarah Lucas en la 56 Bienal



Ciudad de México, 21 de marzo.- Hoy Sarah Lucas fue designada como la creadora que representará a Inglaterra en la 56 Bienal de Venecia. Lucas es una de las integrantes fundamentales del YBA (Young Bristish Artist), conocida por sus esculturas realizadas con comida y objetos ordinarios que se convierten en partes del cuerpo humano. La artista fue seleccionada por el British Council. Andrea Rose, jefe del comité de selección, describió a Lucas como “una escultora de inventiva formidable. So obra es transgresora, como a menudo lo es el mundo del arte. Aportará ingenio a la Bienal de Venecia”. Por otro lado, Gregor Muir, director ejecutivo del Instituto de Artes Contemporáneas de Londres, expresó que Lucas “ha empujado constantemente los límites de su disciplina. Mantiene una fuerte relación con una tradición artística que incluye al feminismo y el surrealismo”. La 56 Bienal se celebrará en 2015.

jueves, 29 de mayo de 2014

Se vende la «cama deshecha» de Tracey Emin



«My Bed» (mi cama), de 1998, polémica obra por la que lapolémica artista británica Tracey Emin fue finalista del polémico premio Turner en 1999, llega al mercado por vez primera. Saldrá subastael 1 de julio en la sala Christie's de Londres y podría alcanzar 1,2 millones de libras (1,5 millones de euros).
Esta icónica pieza, ejemplo del interés profundamente personal de Emin por explorar la relación entre su vida y su arte, provocó unamplio debate público sobre la naturaleza del arte contemporáneo. Fue adquirida en 2000 por el galerista y coleccionista Charles Saatchi, que compró «My Bed» por 150.000 libras.
Emin hizo esta obra en plena depresión tras la traumática rupturade una relación sentimental. «My Bed» (1998) se compone de su propia cama, con las sábanas arrugadas, las almohadas y unas mantas desordenadas, rodeadas de efectos personales: botellas de vodka vacíaspaquetes de cigarrillos, sábanas manchadas de vómito, condones usados, ropa interior sucia... Es una de las obras más emblemáticas del movimiento de los Young British Artists (YBA), al que también pertenecieron otros «chicos malos» del arte británico como Damien Hirst, los hermanos Chapman, Steve McQueen, Chris Ofili, Sarah Lucas, Mark Wallinger, Rachel Whiteread... Muchos de ellos estuvieron presentes en la controvertida exposición «Sensation», que tuvo lugar en 1997 en la Royal Academy of Art de Londres.

Cuatro días sin salir de la cama

Saatchi anunció el año pasado su intención de sacar a la venta gran parte de su colección privada y de subastar cincuenta de sus esculturas e instalaciones más grandes, con el objetivo de recaudar fondos para mantener su política de acceso gratuito a todas sus exhibiciones y programas educativos, informa Efe. Así, junto a «My Bed», Christie's sacará a subasta obras de Isa Genzken, Berlinde de Bruyckere, Karla Black y David Altmejd.
Tracey Emin hablaba así de este trabajo en una entrevista con su compañero Julian Schnabel: «Tuve una especie de pequeña crisis nerviosa en mi apartamento y no me levanté de la cama durante cuatro días. Cuando por fin logré levantarme me dirigí a la cocina. Mi piso estaba hecho un verdadero desastre. Al ver mi habitación pensé: «¡Oh, Dios mío! ¿Qué pasa si me muero y me encuentran aquí? ¿Y qué pasaría si todo esto no estuviera aquí, sino en otro lugar? ¿Cómo se vería entonces? Y en ese momento lo vi, me parecía una idea brillante: éste es un hermoso lugar que se mantiene con vida.Convertí mi cama en una instalación». Emin define su obra como «un autorretrato, pero no uno al que la gente le gusta ver».
Tras su exposición en Japón y en Nueva York, la obra se expuso en laTate Gallery de Londres y posteriormente fue incluida en una retrospectiva de la artista en la Galería Nacional de Arte Moderno de Escocia, en Edimburgo, que viajó al CAC de Málaga y el Kunstmuseum de Berna.

sábado, 24 de mayo de 2014

Marina Abramovic exhibe su método


“Hay dolor, pero es una especie de secreto muy guardado; el momento en el que pasas por la puerta del dolor entras en otro estado mental. Cuando experimentas esa sensación de belleza y amor incondicional, de que no hay fronteras entre tu cuerpo y lo que te rodea y comienzas a sentir esa sensación de ligereza y armonía contigo misma, algo se transforma en sagrado”. Así describe la artista serbia Marina Abramovic(Belgrado, 1946) su método, el Método Abramovic, un sistema de introspección ideado por ella, que ha aplicado a sus creaciones durante casi medio siglo de carrera, convirtiéndose en el principal referente del desarrollo de la performance como manifestación artística y en un icono mundial del arte contemporáneo.
Abramovic presenta en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga(CAC) hasta el 31 de agosto una síntesis retrospectiva de su trabajodesde mediados de los años setenta hasta la actualidad, muestra que reúne fotografías de sus performances más relevantes, vídeos, objetos que invitan a la interacción del público y una selección de dibujos inéditos realizados durante sus “viajes espirituales” por el mundo.
Holding emptinees (Abrazar el vacío) es el título de esta exposición, la primera antológica en un museo español y que, según apuntó este viernes el director del CAC, Fernando Francés, “es el fruto de cinco años de conversaciones y cuatro de negociaciones intensas sobre el objeto central de la exposición”.
Pionera del body-art, Abramovic experimenta y explora los límites de su resistencia mental y física y la de su público. Con su cuerpo como sujeto y medio, examina la relación entre el performer y el público, resistiendo el dolor, el cansancio y el peligro en pos de una transformación emocional y espiritual. Muchas de sus obras ritualizan los actos más sencillos de la cotidianeidad, como tumbarse, sentarse, soñar o pensar.
La artista habla de su sistema de introspección que se ha convertido en referente de sus performances
“La exposición es una colección de obras de diferentes obras y momentos de mi carrera. Nunca se ha hecho una exposición de este tipo”, señala Abramovic con relación al montaje que documenta algunas de sus performances más conocidas, desde la series Ritmo,de principios de los años 70, y Art must be beautiful, Artist must be beautiful (1975-2010), en las que la artista se autolesiona con un peine y varios cuchillos, hasta la célebre The artist is present realizada en el MoMA neoyorquino durante la primavera de 2010 y en la que Abramovic pasó 75 días sentada en una silla del museo encarándose con los espectadores con el objetivo de hacer brotar sus emociones.
“Muy pronto me convertí en el espejo de sus propias imágenes. Cree una experiencia individual tan fuerte y profunda que les removió por dentro ”, explica la artista, que congregó a más de 850.000 visitantes en el MoMa. “Un récord para un artista vivo”, resalta, que una vez más cumplió con la máxima del performance art de que el arte debe ser una prolongación de la vida. “Si estás sentada durante tres meses, laperformance se vuelve la vida misma”, afirma.
“Hay tantas formas de definir una performance como artistas la realizan. En mi caso es una estructura mental y física que se crea ante el público en un lugar concreto y un momento determinado. No es teatro. En el teatro la sangre es kétchup y en la performance la sangre es sangre (…) Tampoco es algo terapéutico, la performance va más allá, es la conexión con lo espiritual”, explica Abramovic, que este año ha sido incluida por la revista Time en la lista de los 100 personajes más relevantes del mundo. “Esto no alimenta mi ego, sino que me da más responsabilidad”, afirma Abramovic, quien apunta que su inclusión en esa lista obedece más a su condición de “icono” que a su faceta artística.
Etiquetas que le han acompañado desde el inicio de su carrera, “cuando los críticos decían que lo que yo hacía no era arte”, y por las que ha sido tildada de loca, extremista, populista, feminista radical… y que Abramovic se sacudió con la gran retrospectiva que el MoMA le dedicó en 2010 y que supuso la consagración de la artista serbia en el mundo del arte anglosajón.
En el CAC, de negro riguroso y muy relajada durante su prolongado encuentro con los medios, Abramovic aprovechó para aclarar algunas de estas cuestiones. “No soy feminista. Odio esa idea. Soy mujer, pero no una artista mujer, porque el arte no tiene género. Solo hay dos categorías en el arte: el arte bueno y el malo. Quién haga ese arte no es importante. En el momento en que se usan esas categorías se está poniendo a la mujer en un gueto. Nunca he sentido que haya sido suprimida por ser mujer, pero hay un hecho: hay más artistas varones que mujeres por una simple razón, las mujeres no están preparadas para sacrificarse por el arte tanto como el hombre. La mujer quiere tener una familia, un amor y el arte, pero la mala noticia es que no se puede. Tenemos una sola energía”.
También quiso contestar a quienes le acusaron de oportunista, de buscar más impacto mediático con su colaboración con la cantante Lady Gaga, una de los máximos iconos de la cultura popular de masas. “Lady Gaga tiene más de 45 millones de seguidores en Facebook. No hay artistas con ese número de seguidores. Ella tiene 28 años y está trabajando en ser original, en ser ella misma. Lo más importante es que Lady Gaga es un ídolo para gente muy joven y todo lo que hace lo están copiando. Después de tener esta experiencia con Lady Gaga mucha gente joven se interesó por el Método AbramovicEsta es mi audiencia del futuro y no el público de mi generación, que es el que me censura. En el mundo del arte hay muchos tabús y yo no los respeto, los rompo”.

BLANCA ORAA MOYUA