sábado, 28 de febrero de 2015

ARCO 2015, en 5 claves


La pintura, la reina del tablero
 Lienzo de Lino Lago, en el espacio de Álvaro Alcazar de ARCO.
Foto: Ana Iris Simón.
Lienzo de Lino Lago, en el espacio de Álvaro Alcazar.



















La pintura como género, pero también como fuente de inspiración y como arma para la subversión, como en el caso de Lino Lago, que mancha de amarillo el Museo del Prado, es la gran protagonista de esta edición de ARCO, seguida por la escultura y la instalación y con una tímida presencia del videoarte y la fotografía.

Protesta (y política) sí, pero sin polémica

 Tela en ARCO 2015 con el texto Human rigth, human left.
Foto: Ana Iris Simón.
Descafeinadas y correctas. Así son las obras más irreverentes de ARCO.



















Por su ideosincrasia irreverente, provocadora y vanguardista, el arte contemporáneo es un generador natural de polémica. Sin embargo, en esta edición de ARCO, los creadores parecen haber dado prioridad a la estesis sobre la política. Salvo excepciones, las obras expuestas en ARCO no chocan, no indignan, no ofenden como en anteriores ocasiones. ¿Se están descafeinando ellos, artistas, o nos estamos inmunizando al escándalo nosotros, público, mass media y márketingmediante? 

Berlín sigue siendo Berlín

 Instalación de neón en ARCO 2015.
Foto: Ana Iris Simón.
Instalación de neón en el stand de la galería Thomas Schulte.
Muchas líneas se han escrito sobre la pérdida de Berlín de su espíritu vanguardista e insider. Sin embargo, basta darse un paso por los pabellones 7 y 9 del IFEMA estos días para comprobar que la capital alemana sigue en la pole de la modernidad, al menos en lo que a su producción artística se refiere. Y es que podrán cerrar Tacheles, pero no acabarán con su espíritu. A tener en cuenta:Aanant & ZooBarbara ThummEsther SchipperKewenig, Klemm's y Schleicher/ Lange, todas presentes en ARCO.

Una mirada al sur

 
Foto: Ana Iris Simón.
Lienzo de Edgar Jimenez, uno de los artistas colombianos que exponen en ARCO 2015.
Además de que Colombia es el país invitado en esta edición, la número 34 de ARCO, la muestra cuenta con una gran presencia de arte latinoamericano. En ella participan 218 galerías, de las cuales el 71% son extranjeras. De entre ellas, 47 provienen de países de América del Sur, configurando la más amplia representación artística en la historia de la feria celebrada en la capital del reino.

Los gigantes empresariales (también) se apuntan a ARCO

 Interior del espacio VIP de ARCO de Zara Home.
Foto: Cortesía de Zara Home.

Zara Home también se ha apuntado a ARCO. Lo ha hecho diseñando el espacio VIP de la feria, que bien podría ser uno de los bosques de ensueño descritos en los cuentos de Hans Christian Andersen en el que, además, sirven champán. Para decorarlo han contado con el maestro florista Thierry Boutemy y el resultado, que contrasta con la frialdad industrial de los pabellones de IFEMA, es digno de tan especial ocasión. Además, la firma ha creado una edición especial de productos en torno a la feria de arte, que se han puesto a la venta tanto en su stand de ARCO como en sus sedes de la calle Hermosilla y Serrano. 

viernes, 27 de febrero de 2015

Se cuela un vagabundo en Arco y un coleccionista lo adquiere por 150.000 euros





“Técnica mixta sobre cartón: Hombre maloliente, orín y vino”. Esta es la descripción que figura en el Certificado de Obra que convierte en oficial la adquisición de Germán González por parte de un coleccionista privado de arte.
Germán González, un español de 53 años, lleva desde 2002 viviendo en la calle y el pasado viernes por la noche logró introducirse en el recinto ferial de IFEMA, donde se estaba celebrando la edición 2013 de Arco, la feria de arte contemporáneo. Por la mañana, mientras aún permanecía dormido, un coleccionista ofreció 150.000 euros por él pensando que se trataba de una obra de arte más. Germán, consciente de su nuevo rol como pieza artística, no ha intentado deshacer el entuerto. Muy al contrario, se muestra encantado con la situación.
“Me han dicho que me van a ir llevando a inauguraciones donde se suele comer gratis y hay vino barato. Lo cierto es que llevo pocas horas rodeado de artistas y veo que están más muertos de hambre que yo, aunque diría que huelen peor”, ha declarado Germán, quien ayer mordió a dos críticos de arte que se atrevieron a decir que era “bello”.

“La semana que viene me voy cedido a una exposición temporal a Nueva York, y se ve que me conviene para ir apareciendo en catálogos e ir revalorizándome. Además, me hace ilusión porque es la capital mundial tanto del arte como de la mendicidad. Los mejores mendigos han pasado por Nueva York y eso da mucho currículum”, explica Germán a la prensa.
La crítica, por su parte, también ha erigido a Germán como la pieza más rompedora de Arco. Los expertos coinciden en que ejemplifica como ninguna otra creación “una búsqueda consciente y ardua de todo aquello que es feo y poco artístico pero que sin embargo representa el futuro del 99% de los artistas de esta generación, que acabarán durmiendo en la calle como él, convirtiéndose a la vez en sujeto y objeto artístico”.
El incidente de Germán ha ocurrido solo dos días después de que una mujer de 50 años visitara Arco con la intención de conseguir bolígrafos gratis y un crítico la tomara por una “performer”, elogiando su “capacidad de seducción al poner en entredicho la actividad artística como mercancía”. Ella, sin embargo, respondió a las palabras con bolsazos.



China silencia el arte disidente


El disidente Ai Weiwei en una imagen de 2012. / DAVID GRAY (REUTERS)
China fue el país que registró más incidentes contra la libertad de expresión artística en 2014. Según los datos del informe anual de la organización internacional Freemuse, dedicada a la defensa de la libertad de artistas y músicos, el año pasado se registraron 38 incidentes de este tipo en la segunda economía mundial, más del doble que en 2013. Si bien en parte el alza se debe a una recopilación más precisa de datos, también pone en evidencia la creciente presión sobre el sector cultural del país, denuncia Ole Reitov, director ejecutivo de Freemuse.
El informe, no obstante, solo incluye los datos de aquellos países donde ha sido posible obtenerlos y reconoce que la situación es probablemente mucho peor en zonas donde es extremadamente difícil recabar información, como las áreas controladas por el Ejército Islámico o los talibanes.
Según los datos de la organización, en 2014 un total de 15 artistas fueron detenidos en China como represalia por su trabajo. Hubo dos casos de enjuiciamiento y dos casos de encarcelamiento. Otros 14 arrestados previamente siguen en prisión. Cinco fueron censurados.
Entre los incidentes se encuentra la detención el pasado octubre en Songzhuang, en las afueras de Pekín, de tres artistas que participaron en un acto de lectura de poesía en apoyo a las manifestaciones prodemocracia de Hong Kong: el pintor Zhang Haiying, Ouyang Xiajie —poeta— y el artista tibetano Kuang Laowu.Muchos de los casos documentados se localizan en Tíbet, “donde China bloquea sistemáticamente a los artistas que retratan un sentimiento nacionalista tibetano”, explica Reitov en conversación telefónica desde Copenhague. Advierte de que los datos que maneja su organización “probablemente son solo la punta del iceberg”. “Debido al sistema de censura, no es posible contar con estadísticas, cuántos libros no han llegado a publicarse, por ejemplo”, precisa. En ciertos casos, las autoridades alegan que no persiguen al creador por serlo, sino porque ha cometido otros delitos.Como Ai Weiwei, procesado por un caso de evasión de impuestos que el artista ha denunciado como motivado políticamente.
Ese mismo mes el presidente chino, Xi Jinping, arremetió contra el arte “inmoral”. En un discurso a algunas de las principales figuras de los sectores creativos, aunque aseguró que se promovería la “democracia” entre los artistas —según citó entonces la agencia oficial Xinhua—, también insistió en la necesidad de que el arte estuviera al servicio de la ideología. Las palabras de Xi evocaban una serie de intervenciones de Mao Zedong, el fundador de la República Popular de China, que en 1942 ya dijo que el arte debía contribuir a la causa comunista.
“Por un lado dicen que la democracia debería promoverse en el mundo del arte, pero siempre hay un pero”, apunta el director ejecutivo de Freemuse. “¿Qué es lo que es inmoral? ¿Dónde están los límites?”.
El informe, que compila los datos disponibles de 50 países, encuentra una tendencia global al alza en las acciones para silenciar a los artistas: si en 2013 contabilizaba 199 incidentes, en 2014 ha recopilado 237. Junto con China, Rusia y Turquía son los peor clasificados, con 22 y 16 casos, respectivamente.
En el caso de Rusia, los incidentes afectan a artistas que han puesto en entredicho las posiciones nacionalistas del régimen, mientras que en Turquía suelen serlo aquellos que aluden a las minorías étnicas, como los kurdos o los armenios.
Reitov insiste en que el informe es incompleto. Muchas violaciones de las libertades artísticas nunca se llegan a conocer, como los miles de artistas que sufren amenazas en las zonas controladas por los talibanes o que son víctimas de los conflictos en Siria o Ucrania. “Lo más preocupante es la situación de aquellos países o regiones de donde ni siquiera podemos obtener datos, como las zonas bajo control de los talibanes o de Boko Haram en Nigeria”.

jueves, 26 de febrero de 2015

Balizas para navegar por Arco 2015








Con la feria ya a velocidad de crucero —pese a que la inauguración oficial, a cargo de los Reyes, se producirá esta mañana, y la apertura al público, el viernes— muchos de los profesionales que ayer recorrían los pasillos de Arco coincidían en subrayar el buen nivel de la mercancía artística de este año: hay rasgos de optimismo en el mercado. Junto a las obras de dinosaurios intocables como Picasso, Miró, Calder, Basquiat u otros, despunta el fulgor y el descaro encerrado en las jóvenes galerías con presencia de artistas latinoamericanos y, muy especialmente, la amplia y variopinta representación colombiana.
El gran espacio dedicado a la alemana Katharina Grosse —grandes pinturas, monumental escultura en la galería Helga de Alvear, casi a la entrada de la cita madrileña—, dan inmediatamente el tono que se aprecia luego en distintos espacios del recorrido.
Leandro Navarro, siempre dedicado a rescatar los nombres con letras de oro de las vanguardias históricas, presenta en su pabellón un par de obras de Picasso, una que se acerca al millón y medio de euros y otra valorada en 900.000. En la galería Marlborough, por su parte, destaca una espectacular pintura de Frank Auerbach que se marcha hasta los 320.000 euros.Siempre presente y siempre inolvidable, la pintura de Jean-Michel Basquiat es una de las presencias-estrella de este Arco 2015. Entre sus obras más llamativas y costosas podrían destacarse una gran pintura en Elvira González, que se vende por dos millones y medio de euros. En el mismo espacio, una pequeña maqueta de un móvil deAlexander Calder busca comprador por 415.000 euros.
Jimmie Durham exhibe en el espacio de la firma berlinesa Barbara Wien Wilma Lukatsch una inquietante escultura de una muñeca rodeada de huesos que refleja el propósito de este escultor, poeta y ensayista estadounidense de romper con el lenguaje y la narración lineal. Un trabajo no menos inquietante puede verse en la galería belga Deweer, que recibe al visitante con una escenografía formada por figuras humanas desnudas y amenazantes. Son obra del salmantino Enrique Marty, quien comparte espacio con artistas tan consagrados como Günter Förg.
Las siempre refrescantes piezas de Julian Opie, esta vez figuras humanas andando y hablando por el móvil (en la galería portuguesa Mario Sequiera) esperan su oportunidad: 60.000 euros.
Uno de los embajadores del arte latinoamericano recurrentes en los últimos años es el brasileño Ernesto Neto, quien exhibe en Arco sus estructuras colgantes tejidas, uno de los imperdibles de esta feria (en el stand de la galería Elba Benítez / España).
Los representantes históricos del arte latinoamericano tienen una fuerte presencia en Cayón / Madrid, con los cinéticos de los venezolanos Carlos Cruz Diez y el arte geométrico de Jesús Rafael Soto. Los argentinos Tomasello y Julio Le Parc, por su parte, protagonizan una impresionante instalación situada en la firma argentina Del Infinito Arte.
La galerista alemana Barbara Thum (Berlín) repite este año con dos artistas peruanos, Fernando Bryce y Teresa Burga. “Arco es más abierta que Miami Art Basel para obras de corte conceptual. A Miami van muchos coleccionistas latinoamericanos y hay mucho brillo, dinero y glamour, pero vienen a Madrid en busca de cosas distintas”, explica.
El argentino Jorge Mara, uno de los más asiduos a la feria de Madrid, reconoce que a lo largo de los años ha habido altibajos en la participación del arte latinoamericano en la feria pero que ahora la tendencia se afirma. Él se inclina por obras de artistas históricos como Batlle Planas, introductor del surrealismo en Argentina, oAlberto Greco.
Entre las galerías colombianas, verdaderas estrellas invitadas de este Arco, llaman la atención las delicadas y a la vez revulsivas piezas bordadas a mano de María Alejandra Garzón, que firma comoSuntuosa Vulgaridad (en el stand de Doce Cero Cero). Pablo Gómez da indicaciones sobre cómo reconstruir una ciudad abandonada (La Oficina). En cuanto a Manuel Calderón, sumerge al espectador en un infinito juego de ajedrez con distintas técnicas (El Museo / Bogotá).
La pintura es siempre el medio dominante en la feria. Entre los españoles, las piezas de gran formato de Secundino Hernández(Heinrich Ehrhardt / Madrid) figuran entre las que mayor atención suscitan. Como en los últimos años, varios de sus trabajos lucían ya en la tarde de ayer el anhelado punto rojo de “vendido”. Pero también hay obras como las de Pilar Albarracín, con una pieza integrada por cincuenta bragas rojas y cuyo valor asciende a 38.000 euros.
¿Y la cubana Tania Bruguera? Retenida en su país por la censura del régimen castrista a una de sus performances, la artista, de 47 años, está presente desde la distancia y a través de sus trabajos en la galería madrileña Juana de Aizpuru. Entre todas ellas sobresale una en la que un viejo soplete de soldadura está encendido sobre la fragilidad de un huevo de porcelana...

domingo, 22 de febrero de 2015

Protestas y amenazas en Austria por una acción artística de Nitsch




Un happening orgiástico, que inicia hoy en Viena el artista Hermann Nitsch, ha despertado las iras de las asociaciones protectoras de animales, de la Iglesia católica y de grupos políticos conservadores. Nitsch, un artista que viene utilizando sangre en sus acciones desde hace más de tres décadas, piensa sacrificar tres toros y otros animales para la que considera la obra cumbre de su carrera.
Protectores de animales, obispos católicos y la ultraderecha protestan contra el artista austriaco Hermann Nitsch, quien se dispone a realizar, desde hoy y hasta el 9 de agosto, la obra culminante de su vida, con sacrificio de animales, rituales de sangre y símbolos religiosos. Nitsch polariza. Tanto por sus pinturas como por sus instalaciones y acciones, goza de gran reconocimiento de la crítica de arte, y ahora que la discusión está fuera de los argumentos estéticos y se ha transformado en una polémica sobre la libertad del arte, recibe absoluto apoyo de artistas, intelectuales, galeristas y políticos liberales de su país. Artistas como Arnulf Rainer y Markus Lüpertz, y gente como Peter Noever, director del Museo de Artes Aplicadas de Viena, o el director de la Bienal de Venecia, Harald Szemann, se han solidarizado con el artista.

Amenazas de muerte

Por el otro lado recibe cartas anónimas con amenazas de muerte, los vegetarianos militantes le acusan de torturar animales, el cardenal austriaco Christoph Schönborn le reprocha injuriar a la religión y los ultraderechistas del partido de Jörg Haider afirman que "Nitsch ha sobrepasado los límites de la libertad del arte". Incluso Brigitte Bardot, extrema defensora de los derechos de los animales, ha protestado y pide al jefe de Gobierno de Austria que prohíba la "orgía del Calígula austriaco".Para esta semana se preparan nueve manifestaciones de protesta. Ningún efecto hace que Nitsch aclare que los tres toros que se matan en su Teatro de seis días de orgías y misterios están de todas formas destinados al matadero y que nunca tuvo intención de insultar a la Iglesia, la cual, sin embargo, "se comporta como si fuera todavía la religión de Estado, sin tener en cuenta que hay gente con otra sensibilidad".
El efecto de las protestas es, para Nitsch, ambivalente. Aunque le irrita la agresividad y la intolerancia que se reflejan en los ataques, su obra, por el otro lado, le confirma que su arte todavía tiene sentido. Inició su trayectoria como uno de los artistas clave del accionismo, el movimiento austriaco de la cultura provocador del happening, hace más de tres décadas, y a sus 60 años de edad es el único que se ha mantenido hasta hoy en la misma línea. Con su Teatro de orgías y misterios realizará por fin una idea que persigue desde su juventud, y que ha de ser "un trabajo válido para siglos o milenios, como la Pasión según San Mateo o la tragedia griega".
A diferencia de las actuaciones espontáneas e irrepetibles que caracterizan el happening, esta obra de Nitsch podría perpetuarse en una partitura del artista para coordinar las actuaciones, los ruidos, la música, los objetos y los olores. Como en un ritual dionisiaco, en el que está prevista la embriaguez a fuerza de vino de la región, y momentos de calma con música de Schubert a la luz de las estrellas, el público deberá zambullirse en un ambiente de éxtasis durante seis jornadas en el castillo del artista en Prinzendorf, localidad rural a pocos kilómetros al este de Viena. "Éste es mi Bayreuth", dice Nitsch, remitiéndose a Wagner, su músico predilecto.
El autodenominado "fenomenólogo de la religión", que, sin adherirse a ningún dogma, se interesa por los cultos y su significado, basa sus reflexiones en la lectura de Nietzsche, Freud, Jung y Marx, y mezcla la simbología de rituales arcaicos, como cuerpos crucificados y sacrificios de animales, integrando sensaciones de repulsión con la intención de "conmover a la gente con intensidad y sacarla del limbo". Para él, que creció bajo los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y luego vivió cómo Austria escondía su responsabilidad sobre el holocausto, lo esencial es observar los instintos reprimidos para mirar la realidad de frente, al contrario de lo ocurrido en el régimen nazi, donde "los ignorantes interpretaron mal la filosofía de Nietzsche y dieron rienda suelta a sus instintos, sin haber tomado conciencia de ellos".

viernes, 20 de febrero de 2015

BACON LITHOGRAPHS EXHIBITED IN LONDON



Francis Bacon, Portrait of Isabel Rawsthorne, 1966. Oil on canvas. © The Estate of Francis Bacon. DACS London 2015. All rights reserved.
Francis Bacon, Portrait of Isabel Rawsthorne, 1966. Oil on canvas. © The Estate of Francis Bacon. DACS London 2015. All rights reserved. A lithograph of this piece is currently on display at the Graham Hunter Galley, London.
London’s Graham Hunter Gallery is currently exhibiting and selling lithographs by Francis Bacon and Pablo Picasso, in the exhibition; Abstactors of the Human Form, on until 28 February.
‘What was it about the middle of the 20th century that inspired two very different artists to employ the concept of the abstract, to the capturing of the human form?’ - The Graham Hunter Gallery
The Graham Hunter Gallery presents a finely printed collection of lithographs by Francis Bacon and Pablo Picasso, examining their attitude and approach to the representation of the body.
The collection of Francis Bacon lithographs on display includes colour prints of Bacon’s work including; Portrait of Isabel Rawsthorne, 1966, Three Studies for a Portrait of Lucian Freud, 1966, and Portrait of Henrietta Moraes 1966.
The exhibition is free to view to the public, with the exhibited lithographs available for purchase. For more information, please visit the exhibition site.
Abstactors of the Human Form
1 February – 28 February 2015
Graham Hunter Gallery
London, W1U 6RQ

martes, 17 de febrero de 2015

Valentin Carron by Clément Delépine

Art : Interview


How to modernize your medium.

Installation view of Music is a s-s-s-serious thing at 303 Gallery, New York. © Valentin Carron, courtesy of 303 Gallery, New York.


Carron was kind enough to give me a tour of his recent exhibition at 303 Gallery in New York, Music is a s-s-s-serious thing. The title borrows the words of the Romanian pianist Dinu Lipatti who, despite a very short career, was considered one of the most talented musicians of the 20th century. Carron’s first source of inspiration for this exhibition was an LP recorded by the pianist, which features abstract graphic design on the cover, though he eventually parted from any visual reference to it. Much like the sculptures he appropriates, Carron altered the quote with a stammer. A repetition of the consonant S, which alleviates the seriousness conveyed by Lipatti’s words.
The exhibition juxtaposes reproductions of men’s belts indolently positioned on found cabinets and stools and a series of paintings on tarp initiated in 2006. Made of glass and individually molded and pigmented, the sculptures were fabricated in collaboration with the Kunstbetrieb in Basel. They evoke the lassitude of a worker coming home after a hard day’s labor, nonchalantly taking off his belt. The paintings reproduce book covers from the early 1950s to the mid-60s. The found motifs are painted on tarp which is then stretched on plumbing pipes in a gesture the artist calls “a pathetic attempt at modernizing painting.”
I discovered Carron’s works through his attempts at deconstructing Swiss mythologies by creating resin casts of visible beams from a Swiss chalet. Which is telling of Carron’s thinking and work process, continuously contemplating a vast range of questions regarding the formulation of identity: How does a collective national narrative form? How does one become an artist? Echoing Rudyard Kipling’s poem “If,” Carron humbly asks, How does one become a Man?
When I ask him about the shadow of melancholia cast by his works, Carron confesses his fascination with sentimentalism. He is exploring ways to represent such feelings beyond the realm of his own emotions. His approach is somewhat Warholian as he perceptively explores these concepts while remaining on their surface, where ultimately the truth lies.
Valentin Carron Three or four years ago, I took a picture of my drooping belt on a chair for someone who asked me about the brand. I found the image pathetic, and I knew I wanted to reproduce that scene.
Clément Delépine I see a continuation with the snakes that you had defined as “a gaze into suspension.” Can the belts be considered a creeping threat?
VC Yes, absolutely. There’s an aesthetic continuity. I was also thinking about the concept of the figure, and a certain weariness that is inherent in the reclining nude in which the furniture serves as base.
The supporting furnishings are essentially those of squatted houses, things that I got at Emmaüs, the French equivalent of the Salvation Army. The starting point came as I thought about showing in New York as an opportunity to start a discussion with the American public. In preparation, I tried to examine banal examples of American design.
It's kitsch furniture, from seedy dive bars. I wanted to put this furniture in contrast with high-end craftsmanship, objects that require complex processes to fabricate.
I think that modernity was built on these solitary heroes. I'm a fan of the television show Les ingénieurs de l'impossible (“The engineers of the impossible”), which explores how infrastructural devices are made. This furniture in my exhibition directly relates to the imagined furniture of the workers who produced these complex objects.
CD There is a fascination with the concept of the beautiful loser.

Belt on valet stand, 2014. Plastic, metal, glass, paint, 47 x 18 1/2 x 12 in. © Valentin Carron, courtesy of 303 Gallery, New York.
VC Absolutely, I have the feeling that my culture, from the start, operates around this figure. In a way, it reflects a musical culture. The French singer Renaud, who I think was a precursor of grunge, was singing Je suis une bande de jeunes (“I am a gang of youths”). As in, I am a gang of youths all by myself. In the music of Renaud, there was a feeling of collectivity. Belonging to a culture is also a way to feel less alone.
CD It's all related to your interest in how to reflect the great narratives of national identity. Your work results in a reproduction of typical architectural elements, dematerialized then recast with lighter materials to in an attempt to only retain their connotative meaning.
VC Absolutely, and their shape, since I was positioning them in space to imbue the objects an authoritarian quality.
CD But those belts are ultimate symbols of authority.
VC Yes, absolutely, it is potentially a weapon, a device for submission. But this authority is disabled here—doubly disabled. By its form and placement, and also by the object’s material. As with previous sculptures that I appropriated, I copied them while deactivating them.
CD So do you make them harmless?
VC I don't think so. I make them lighter. These sculptures are often set in public spaces and I use them as images. I lighten the sculpture, I move it, prompting a paradigmatic shift.
CD How did you conceive this exhibition?
VC Originally, I only wanted to have only one piece, just to accentuate the drama. But I ultimately wanted to break my own habits. Usually I play a scenario, a story. By multiplying the possibilities, I multiply the opportunities, the belt twists, the staging.

Belt on braided chair, 2014. Plastic, metal, glass, paint, 28 3/4 x 19 1/2 x 22 in. © Valentin Carron, courtesy of 303 Gallery, New York.
CD You have a real respect for craftsmanship. Even when you dematerialize the pieces, altering the viewer’s sense of material by casting it in a lighter matter, you are reasserting an artisanal process.
VC Yes I cannot deny it. But it is an extremely cumbersome process when compared to the ease of the object's discovery. For most of the works, two pieces of furniture were purchased: one as a support for the belt in the initial molding process and a duplicate on which I placed the molded belt. To build the mold, they reproduced the furniture identically, otherwise the trace of the mold would have shown on the presented piece. I also asked that the buckles, the metallic parts, be painted to resemble the originals. The colors are all different, some are warmer, some colder, some silvery. It's pretty specific. I didn't want to make the perfect object. I had to sabotage it a little. I degrade the process. Not focusing too much on the technicalities, altering like that, while trying to do it well. I wanted to make it more Pop and less an experiment made out of glass.
This prompted a number of issues since the color, the transparency of glass depends a bit on the complexity of the molding. Some glasses are more opaque or transparent because they would solidify before the pigments could reach all parts of the object. The choice of color is a bit dictated by choice of shape.
CD You started the series of paintings on tarp in 2006.
VC Fundamentally, I've always been a painter.

Jazz, 2014. Vinyl ink on pvc tarpaulin, galvanized steel tubing, and metal wire, 
38 1/2 x 30 1/2 in. © Valentin Carron, courtesy of 303 Gallery, New York.
CD Do you consider painting to be the medium par excellence?
VC It was, in any case when I started it was. I attended a very regional school. I became interested in art in the early ’90s. In ’92 or ’93 maybe, I went into a library where I searched what painting was. What painting of the 19th century is, modern, contemporary. One of the first movements that touched me was the Italian Transavantgarde: Enzo Cucchi, Francesco Clemente. It was a Gerard Garouste period too. Unfortunately or fortunately. I have been painting since the beginning. I’ve taken it in many different directions, even self portraits
CD You showed only paintings earlier this year at the Kunsthalle Bern. Originally, the motifs all derived from book covers.
VC I'll confess that I have always tried to avoid painting. When I see the result, I understand why (laughter).
There is quite a protocol related to these paintings for me. There is the topic of research. Initially I was going to source the books from second-hand bookstores. Mostly hardcovers from the ’50s and ’60s. These are not luxury items. What really interests me in the end is the subject shown on the cover, not the book itself. The question I want to explore is, How is a novel synthesized and illustrated? At the same time there is something gratuitous in these representations. First comes the discovery of the subject. I go to online shopping sites; I enter some search criteria like “modern library,” “postwar,” “45–65,” “with picture,” or “hardcover”; and the results are displayed. Then, I frantically order books according to their visual composition, and go from there.
CD Your paintings often have very poetic titles, while the titles of your sculptures act as descriptors.
VC Yes.
CD I was wondering if with painting you are already in the allegory, while the sculpture stays in the commentary.
VC My sculptures are also concerned with the allegory. It is specifically for this new series that I wanted to stay in the commentary. The titles are very descriptive of what happens. I wanted a rather cold and clinical description. On the other hand it is true that I use these titles for paintings too—well, sometimes I do and sometimes not because I want to give myself total freedom. 
In painting, I want to challenge myself. I envisioned a kind of grand modern painting. A painting that could have been done in the ’60s. But all this ambition is upended by the fact that this painting is done this way. 
For me, the basic protocol, since we spoke before of the beautiful loser, is a pathetic desire to modernize the painting medium. To want to make it evolve.
CD To paint you need to develop a new medium?
VC Yes, this may be why we possibly cannot talk about painting but painted objects, even a paint object. It is a willingness to challenge the idea of painting. I paint, which is traditional. But I want to modernize it by employing industrial materials.
CD It is traditional and desacralized. It's a painting on a tarp stretched with wires on a frame made of plumbing parts.
VC Yes. Modernized in the sense of the use of materials. The canvas is a canvas already waxed. Then the process devolves and becomes very reductive. I copy details. I love it.
CD In a previous interview with Fabrice Stroun, you said you spare no efforts to make it not too bad, not too good.
VC Absolutely. It is very demanding. Knowing that normally when you make a painting, you make a first layer and then put your lines on top. Somehow, I am subjected to the drawing, to the pattern. I use an overhead projector, I trace the outline and then paint. But there is no hierarchy between the background and the subject.
CD There is no perspective, everything is in the foreground?
VC These are issues that also interested me in painting. These are very common questions, but I wanted to explore it through this digression. 

Lamento in blue bianco, 2014. Vinyl ink on pvc tarpaulin, galvanized steel tubing, and metal wire, 38 1/2 x 30 3/4 in. © Valentin Carron, courtesy of 303 Gallery, New York.
CD Is it a way of criticizing art history? In that it defines what is art and what is not?
VC There is this notion, this labor, at the same time this cowardice. And at the same time there is re-composition. I then fall into the painter's work in a very classical sense. I have my subject, my book cover. How do I reproduce it? Which frame, how big? At what scale, how do I compose? Do I stay as close as possible to the original colors or do try something? I also wish to only make one layer. I don't touch it afterward.
CD You do not do sketch beforehand or correct afterward?
VC Sketches yes, with the overhead projector, which gives me the drawing, and then I keep it as simple as possible. There is no remorse. I will not try to add another layer of paint. And then there is the title, which is the thing I prefer the most.
For these paintings I have the feeling I'm going back to reclaim and reimagine some 20th-century painting. I really see in it a painting of the ’50s, quite radical for the time. But it is an act, I get into a role when I paint like that.
CD Do you recall the movie, Et la tendresse?... Bordel!? There is a scene where Jean-Luc Bideau tells his son that he will be a man the day he can jump in with both feet in his underwear. And I feel that’s what you get confronted with a little, that painting is jumping with both feet into your pants...
VC Yes. I remember the first time I made a monochrome, in art school. I was seventeen or eighteen years old. I stretched it, already with vinyl…leatherette actually. I made a dripped monochrome with enamel paint, classic. And I remember that a teacher had called me and asked how I had come to the monochrome. He said, “not everyone can paint a monochrome.” I don’t have to justify that. I just hop on the train. Relevance is in the making. 

Clément Delépine is Assistant Curator at the Swiss Institute, New York.

domingo, 15 de febrero de 2015

El G6 del arte


Por extraño que pueda parecer, este es el tiempo de los museos. Por muy obsesionados que andemos con las prisas o precisamente gracias a eso, necesitamos detenernos para dedicar un largo espacio en nuestras vidas a la mera contemplación. Una experiencia íntima, el contacto visual, un diálogo en silencio con la belleza, el misterio, la intriga, la atracción de una obra de arte elevan al ciudadano contemporáneo hasta el punto de merecer la pena la espera, el desplazamiento, incluso la aglomeración.
¿La recompensa? Un momento de confesión, sin más celosía que las pertinentes medidas de seguridad, con piezas irrepetibles, originales, únicas, en plena época de distribución masiva en serie de todo tipo de objetos o manifestaciones, incluidas las culturales. El valor de lo que no se puede volver a producir y ha quedado consagrado para la historia en mitad de un pulso contra el tiempo, del que ha salido ganando. La poderosa singularidad de la obra de arte.
El museo es la casa del pintor, comenta Eduardo Arroyo en su particular Guía del Prado. El refugio donde se inspira, el techo que cobija la identidad del creador. Son sendas por recorrer, respuestas, indicaciones, su brújula. Pero también es el gran foro ciudadano: un prominente lugar de reunión para el disfrute y la reflexión. Para el asombro, la emoción callada y la admiración.
Quienes llevan sus riendas hoy en día se desenvuelven en las fricciones propias del presente. Quizás seamos hijos de la época más regocijante, abierta, plural y contagiosa que haya existido nunca en cuanto a la relación de la cultura con la ciudadanía. Los retos del silencio y la paz que requieren los museos, la experiencia casi de comunión religiosa que podríamos demandar a la contemplación del arte a menudo no se corresponden con el recurrente, aunque no permanente, tumulto que se vive en los grandes museos.
El País Semanal ha propuesto a seis responsables de algunas de las principales pinacotecas del mundo una cruda elección rayana casi en el fetichismo. Cada uno de ellos debía elegir de la colección que tiene a su cargo una sola obra y posar con ella.
El Louvre, museo más visitado en 2013, recibió el año pasado a 10 millones de personas
Miguel Zugaza se pliega ante el emblema de Las meninas, de Velázquez, en el Prado. Nicholas Penny, dentro de la National Galleryde Londres, ha elegido Un concierto, de Lorenzo Costa, donde se plasma un palpable diálogo entre la música y la pintura. Wim Pijbes, en el Rijksmuseum de Ámsterdam, se ha decantado por el revuelo asustadizo de El cisne amenazado, de Jan Asselijn. Sabine Haag, del Museo de Arte Histórico de Viena, apuesta por el Salero, de Benvenuto Cellini, una escultura de mesa en oro y marfil, robada y felizmente recuperada. Jean-Luc Martinez, en el Louvre, no se resiste ante la imponente Victoria de Samotracia en plena restauración, y Thomas P. Campbell, en el Metropolitan de Nueva York, escoge el Templo de Dendur.
Todos los centros que dirigen fueron creados y abiertos al público en el siglo XIX. Más bien que mal, con las avalanchas y el interés de la gente en aumento, como pueden y les dejan –si descendemos al trauma de la última era de los recortes en el Prado, por ejemplo–, han ingresado ya en la dualidad real/virtual del siglo XXI. Un museo pudiera ser el mayor legado que las generaciones precedentes logran dejar a a sus hijos. Con esa concepción, heredera de la Ilustración, Europa fue abriendo en sus capitales y sus ciudades bandera las puertas de estos templos cívicos.
Hoy, el efecto imán no es suficiente. Ni lo único por explotar. Hoy y mañana, los museos pueden trasladarse a nuestros hogares a través de Internet. Lejos de menguar el interés en la experiencia real, los avances tecnológicos la aumentan. Pero vayamos por partes.
Una de las grandes preocupaciones de los directores de grandes museos no es detener las avalanchas –bienvenida sea cada vez más gente a sus salas–, sino ordenarlas. Una delegación de responsables de pinacotecas francesas acaba de visitar España para que les expliquen cómo abordar la apertura siete días a la semana.
El Louvre, antes de su ampliación en la era de Mitterrand, recibía 2,7 millones de visitas al año. La obra, con su famosa y polémica pirámide a la entrada, calificada además como faraónica, fue proyectada para acoger a cuatro millones. El complejo de Ramsés se quedó corto. La exhibición de grandeur también. En 2013, el museo parisiense fue el más visitado del año, con más de 10 millones de personas. La ola ha obligado a invertir 53 millones de euros en recomponer la acogida y los itinerarios.
El hecho de que el Louvre continúe en una auténtica transformación para afrontar la creciente fiebre por el arte llevó a Jean-Luc Martinez, su director, a proponer una fotografía suya con la Victoria de Samotracia junto a un andamio. Quería dar testimonio de una de las restauraciones más cruciales del Louvre en los últimos tiempos. Simbolizar la constante carrera de un museo en pos del cuidado de sus tesoros. En este caso, los técnicos revisaron 20 piezas de mármol de forma separada para dejarlas como nuevas.
Sabine Haag posa junto a 'Salero', de Benvenuto Cellini. / HANS HOCHSTÖGER
“Tengo una relación afectiva con esta obra. Fue mi guía al entrar a un museo por primera vez. A medida que recorría la escalera me atrapó su belleza, la magia que le aportaba al lugar”. Con el tiempo también le convirtió en experto en escultura griega, romana y etrusca: “Su virtuosismo, su capacidad de seducción…, su reto constante al conocimiento. Es una obra que, a medida que la estudias, nos confirma la sensación de que cuanto más creemos saber, más ignoramos”.
Un lugar como el Louvre –con 2.300 empleados– quiere mantener su posición en el mundo de hoy. Un mastodonte así, cuyo tiempo medio de visita está en 2 horas y 40 minutos, con un 60% de gente que pisa sus salas por primera vez, necesita estar a la altura de los tiempos: “Me hace feliz que cada vez acuda más gente al museo, que crezcan los aficionados a la historia del arte, nuestro reto consiste en ofrecer una experiencia personalizada”, comenta Martinez, que lleva dos años al frente de la institución.
Abrir todos los días puede ser una solución a su avalancha. Se trata de una iniciativa que ha supuesto un giro primordial para las pinacotecas españolas. El Prado lo puso en práctica en 2012. Miguel Zugaza, su director, resalta la importancia de la medida y pone sobre la mesa los resultados. Más cuando en los últimos siete años el Estado ha recortado su aportación en un 60%.
Zugaza se amarra a Las meninas para simbolizar la adelantada y profética visión que tuvo Velázquez en su día, reflejada en su cuadro: “El protagonista es el espectador ante la contemplación de una obra”. Un espectador que se suponía en posición de privilegio. De hecho, el cuadro colgó de las paredes donde despachaba Felipe IV: fue pintado para él. El tiempo expandió ese privilegio a todo el mundo. Al público global que hoy lo admira. “Desde que Luca Giordano lo calificara como la teología de la pintura, no ha bajado de su pedestal hasta hoy”, afirma Zugaza.
Las meninas son emblema del Prado. Su protagonismo desafía al tiempo. Pero como símbolo de la diversidad de visiones que nos ofrece el presente, Zugaza también podía haber elegido El jardín de las delicias, de El Bosco. “Es una obra cuya visita en el museo resulta completamente distinta a la que puedes disfrutar si lo ves en alta definición en tu casa. En la sala sólo captas una experiencia limitada, si entras al detalle en el ordenador, descubres muchas más cosas”.
El robo de una pieza es una de las obsesiones de la mente
de un director de museo
El cataclismo que la irrupción de Internet ha supuesto para los mercados de casi todos los sectores culturales ha producido en el mundo de los museos el efecto contrario: “Nos ofrecen la oportunidad de cumplir nuestra misión a escala global. Quien no pueda acercarse físicamente a Madrid, puede entrar en el Prado desde cualquier lugar del mundo”.
Otro aspecto para el paradójico equilibrio del presente. No otra cosa supone dirigir un museo para Wim Pijbes, responsable del Rijksmuseum de Ámsterdam: “Resulta una acción de balance que se pone de manifiesto entre amplias y diferentes propuestas sin perder de vista los detalles más ínfimos”.
Pijbes lo resume eficazmente con un proverbial arte de birlibirloque haciendo uso de los eslóganes: “Dar servicio a un público amplio con un toque personal. Transformar el Rijksmuseum en tu Rijksmuseum”. En ese aspecto, él ha elegido como símbolo este poderoso Cisne amenazado, de Jan Asselijn: “Por su fuerza, su soberana belleza que le otorga poder absoluto. Una vez contemplado, no puedes olvidarlo”. En tu retina queda el solemne revoloteo blanco en defensa de su nido, con la imagen de la amenaza ante la belleza que se revuelve haciendo valer la dignidad de su supervivencia. Bonita metáfora para los tiempos oscuros dentro de un cuadro pintado por el artista barroco holandés en 1650 y que para Pijbes merece la pena y justifica el esfuerzo de una visita. “En un mundo de preponderancia virtual y vida acelerada, el valor de experiencias auténticas atrae cada vez a más gente”. Con todos los inconvenientes que ello puede conllevar. Con las dificultades que supone armonizar la transformación de instituciones creadas para minorías en el XIX a recintos para mayorías en el XXI.
Nicholas Penny, responsable de la National Gallery en Londres, que abandona este año el cargo, reflexiona sobre la metamorfosis: “Nuestros centros, creados hace dos siglos para poblaciones más reducidas, no se han desarrollado lo suficiente para desenvolverse en la sociedad del turismo de masas. Contamos con un enorme volumen de visitas en la National Gallery –más de seis millones–, y eso supone una gran dificultad para el disfrute tranquilo de algunas de nuestras obras. Me pregunto a menudo cómo se las arregla un joven artista a la hora de estudiar la obra de Rafael o Miguel Ángel en el Vaticano. Es un auténtico problema y lo será mayor para mis sucesores y quienes llevan museos en París, Florencia o Roma, más que para nosotros”.
Los museos más concurridos de Londres –El Británico, la Tate Modern y la National Gallery–, se colocan año tras año a la cabeza de la lista de los 10 más visitados del mundo. “Existe una gran reticencia en las sociedades democráticas a expresar cualquier cosa que sugiera que lo popular es malo. Pero resulta innegable que a menudo los libros más vendidos no son los mejores. Lo mismo ocurre con las exposiciones más visitadas. No son siempre las mejores, lo mismo que las obras de arte favoritas del gran público”, afirma Penny.
Thomas P. Campbell, director del MET de Nueva York, posa junto al templo de Dendur. / ANA NANCE
Las creencias e intereses de cada época se dan la mano, según el responsable de la National Gallery. “No siempre el verdadero amor al arte mueve a los turistas a sentir que deben contemplar una obra; lo mismo que en la época medieval, no era siempre el fervor lo que motivaba a los peregrinos a viajar a pie largas distancias”. Aunque eso no ensombrece lo fundamental: “Para mí es un hecho y afronto con una enorme convicción que los museos pertenecen a la gente y no deben ser tratados como un recurso para los privilegiados o los mejor educados”.
Para manejarlo se requiere un perfil con determinadas características: “No es fácil. Debe tratarse de alguien experto en la materia y con una considerable experiencia de comisariados y organización de exposiciones, asimismo con disposición de emplear tiempo en labores administrativas, así como habilidades para la dirección, la influencia y la recaudación de fondos de donantes. Queda poco tiempo en cambio para acudir a la biblioteca, organizar como quisiéramos las exposiciones o ayudar a un joven colega en una investigación, es necesario sacrificar mucho de lo que nos gusta, pero, aun así, el trabajo tiene sus recompensas”.
Como disfrutar las veces que uno lo desee de una íntima relación con las obras que adora. Es el caso de Un concierto, pintura de Lorenzo Costa. La pieza junto a la que Penny ha elegido posar: “Me impresionó desde el primer día que pisé el museo con mi padre en 1950”, recuerda Penny. Debió ser grande el impacto. Porque hoy, el responsable de la pinacoteca prepara un catálogo sobre el arte proveniente de Bolonia y Ferrara en su colección. “Como historiador del arte me resulta fascinante. Para mí representa el inicio de un género que floreció después durante siglos y que resultó especialmente atractivo para los seguidores de Caravaggio”, comenta.
El arte de recaudar fondos resulta fundamental en estos tiempos. En EE UU sacan ventaja porque las instituciones culturales apenas cuentan con aportaciones de los Gobiernos. Pero en Europa se ha debido forjar una generación de gestores que ha tenido que aprender a cabalgar a partes iguales entre el dinero público y privado. El caso de Zugaza y el Prado en España representa mejor que nadie ese viaje con un cambio de estatus legal incluso en el museo.
Atrás quedan los tiempos en que la pinacoteca madrileña vivía prácticamente a cargo del Estado. Hoy, el 70% de los fondos de su presupuesto –42 millones de euros– los aporta el museo. Aunque no es lo deseable: “Lo ideal sería que del Estado provenga la mitad y la otra parte quede equilibrada con las recaudaciones de visitas y las aportaciones privadas”, comenta Zugaza.
Nicholas Penny, director saliente de la National Gallery de Londres, posa con 'Un concierto', de Lorenzo Costa. / MANUEL VÁZQUEZ
No es el caso del Metropolitan de Nueva York: con fondos en su mayoría privados, sigue desarrollando formatos que atraen gran público y marcan tendencia en la gran liga mundial del patrimonio. Para Thomas P. Campbell, su director, la excitación de dirigir el Met reside en la mezcla de varios campos: “La tecnología, el viaje, la formación, marcarse metas que unan la utilidad con la creación”, asegura.
O un sencillo traslado a través del tiempo. Como ha hecho él al elegir El Templo de Dendur, obra egipcia del siglo I antes de Cristo, regalo del Gobierno de dicho país a Estados Unidos en 1965. Hoy puede apreciarse desde Central Park a través de unas grandes cristaleras en las, según asegura Campbell, “se simboliza el aroma de convivencia entre la antigüedad y la vida moderna en un palpable sentido de la historia dentro de un ambiente que lo torna real y muy relevante al tiempo”.
El director del MET recuerda también la primera vez que lo vio: “Me impactó su poderío, la monumentalidad transportada. Se ha convertido en uno de los grandes iconos del museo, me impresiona cómo la obra nos habla de la resistencia de la cultura, de su supervivencia; conlleva un gran mensaje para el mundo presente”. El de la prisa, la masificación, donde, según él, resulta un reto guiar al visitante hacia los lugares aislados: “Existen muchos dentro de nuestro museo y, aunque son difíciles de encontrar, representan mejor que las colas o los amontonamientos la mágica experiencia que uno puede vivir dentro”.
Siempre que no sea la que se dio en el Museo de Historia del Arte en Viena un 11 de mayo de 2003. Lo cuenta Sabine Haag, su responsable desde 2009. Puso de manifiesto otro de los problemas fundamentales en la mente de cualquier director: el robo de una pieza. Dejamos el punto de thriller para el final. “Era la Noche de la Música, se cerraba tarde. Algunas alas del edificio estaban en restauración. Un hombre aprovechó los andamios, rompió una ventana y se llevó el Salero, de Benvenuto Cellini, una de nuestras obras más preciadas. Tardó 90 segundos. No había nadie, al día siguiente fueron las señoras de la limpieza las que se dieron cuenta de que faltaba”.
El ladrón resultó ser empleado de una empresa de seguridad. “Estaba familiarizado con nuestras medidas. Fue todo un revuelo en nuestro país y fuera. Por eso no pudo colocarla, entre el seguro y la policía acabaron atrapándole. Les dijo que había enterrado la pieza en un bosque cercano a la ciudad. En enero de 2006, volvió al museo”. Hoy es la obra que Sabine Haag considera su emblema. “Viví todo eso como directora de la colección, cuando nos fue devuelta pueden imaginarse lo que nos emocionamos”.

BLANCA ORAA MOYUA